En este día de 2007, el Sevilla vivió una de sus noches más memorables en la UEFA Champions League con una contundente victoria por 3-1 sobre el Arsenal en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Fue un partido que capturó a la perfección el espíritu, la intensidad y la brillantez táctica que definían al Sevilla de Juande Ramos en aquella época.
El Arsenal golpeó primero con un gol temprano de Eduardo, elevando las esperanzas de asegurar el primer puesto del grupo. Pero el Sevilla, respaldado por un público local ensordecedor, se negó a ceder. Los goles de Luís Fabiano y Frédéric Kanouté le dieron la vuelta al encuentro antes del descanso, mostrando el poder ofensivo que convertía al Sevilla en uno de los equipos más temidos de Europa a mediados de los 2000.
En la segunda parte, el Sevilla apretó aún más su dominio. Sus pases precisos, la presión constante y su presencia física desbordaron el ritmo del Arsenal. Un autogol en los minutos finales selló el 3-1 y confirmó el ascenso del Sevilla como una verdadera potencia continental.
Para el Arsenal, fue una noche de ocasiones perdidas y fallos defensivos. Para el Sevilla, una declaración de fuerza: la prueba de que el Sánchez-Pizjuán se estaba convirtiendo en una fortaleza del fútbol europeo. Dieciocho años después, los aficionados aún recuerdan aquella atmósfera eléctrica y la brillantez que iluminó la noche andaluza.











